En este barrio las Juntas de obras (juntas de acción comunal) hicieron las calles, los andenes, el alcantarillado, las canaletas de desagües y demás construcciones para el bien común. Su nombre original la Divina Providencia, en 1950 cambia su nombre, la violencia afecto los bustos alusivos al dirigente político.
Barrio Jorge Eliécer Gaitán: un culto al caudillo
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Tomado de la alcaldia de Bogotá
Otty Patiño
Observatorio de Culturas
Don José Díaz nació, estudió, creció y aún reside en el barrio Jorge Eliécer Gaitán, donde tiene una ferretería en el costado oriental de la plaza principal. Nos dio la entrevista mientras atendía su clientela sabatina y orientaba amablemente a los que llegaban solicitando otros productos que él no tenía en el surtido de su negocio.

José Díaz, en su ferretería del Barrio Gaitán
«Mi papá fue uno de los fundadores de este barrio, junto con otros como don Federico Acosta, don Gustavo Herrera y la familia Rojas», dice. Antes de 1950 se llamaba La Divina Providencia, en recuerdo de la hacienda de los hermanos Moris y Tila Gutt, antiguos propietarios, quienes la partieron para venderle lotes a la gente que llegaba a Bogotá necesitada de vivienda. «La mayoría eran oriundos de Boyacá y los lotes valían entre 900 pesos y 2.000 pesos, según el tamaño, que iba desde 5 por 12 metros hasta de 6 por 30 metros», agrega. ¿Y cuando se empezó a llamar barrio Gaitán? «Eso fue después del asesinato del caudillo liberal —responde—. Este barrio quiso rendirle homenaje, pues él venía a jugar tejo con otros dirigentes liberales como Carlos Lleras en una cancha que se llamaba Campo Villamil. No es que todo el barrio fuese liberal. No. Aquí vivían también conservadores, pero los que dirigían el barrio eran los liberales por haber sido los fundadores y porque manejaban las ‘juntas de obras’: así se llamaba lo que ahora se conoce como Junta de Acción Comunal. Las juntas de obras eran realmente juntas de trabajo comunitario, y fueron las que hicieron las calles, los andenes, el alcantarillado, las canaletas de desagües y demás construcciones para el bien común. Después de la muerte de Gaitán, hubo mucho sectarismo: si uno salía con corbata roja se la hacían comer, y al busto de Gaitán le dieron bala y a otro busto dedicado a la mamá de Gaitán, doña Manuela Ayala de Gaitán, lo tumbaron y hasta ahora no lo han restaurado».
En efecto, a dos cuadras hacia el oriente de la plaza principal queda una pequeña plaza triangular donde está todavía el pedestal vacío con la dedicatoria a doña Manuela escrita sobre el mármol. Y a una cuadra hacia el norte de esta placita está el colegio Jorge Eliécer Gaitán, donde estudió don José.
La plaza principal tiene forma de trapecio y a su alrededor hay negocios alusivos al prócer: auto lavado Nuevo Gaitán, asadero Gaitán, droguería Gaitán y ferretería Gaitán; el negocio de don José no tiene un nombre alusivo al caudillo y está situado en la base del trapecio. La iglesia está ubicada en el otro extremo. En el interior de la plaza hay dos canchas, una de microfútbol y otra de basquetbol. La de microfútbol tiene graderías y está protegida por una malla alta que impide la salida del balón. La de basquetbol no tiene ninguna protección y posiblemente esa sea la razón de su poco uso. Aunque también hay otras explicaciones, como las que nos ofrece don José: «Este barrio se ha ido volviendo un barrio más comercial que residencial. Aquí la gente ya no tiene mucho sentido de pertenencia, y el cuidado de las cosas públicas se ha desmejorado, lo mismo que la seguridad».
Pero don José también reconoce las bondades de esa transformación hacia lo comercial: «Fue la familia de Carlos Ponte la que trajo el progreso comercial en el año 1995, con la llegada de los muebleros. Ellos empezaron a comprar las casas, y hoy en día tenemos 1.800 negocios de muebles, 600 almacenes de tapicería y 100 negocios de pintura, entre otros, los cuales generan entre 4.000 o 5.000 empleos informales. Gracias también a los establecimientos comerciales, se construyeron modernos edificios en la parte de arriba del barrio, que han dinamizado toda la vida barrial hasta la parte más occidental que era muy muerta. Antes, nosotros dependíamos para todo del barrio vecino: el 12 de Octubre».
Don José nos muestra entonces una serie de fotografías donde él aparece con otros dirigentes barriales en ceremonias de carácter religioso, peregrinaciones a santuarios, procesiones, eucaristías al aire libre. Le preguntamos que cómo siendo tan liberal ha sido tan religioso. Nos mira extrañado y nos dice: «Mis padres fueron muy católicos, y yo soy también muy católico, lo mismo que mis hijas. Las actividades comunitarias siempre las desarrollamos de la mano del cura párroco. Aquí me ve usted (nos muestra una foto) donde estoy con el padre Rogelio Garzón, cuando yo era el presidente de la junta de acción comunal. La iglesia aquí no se ha metido en política y yo no soy político, aunque a mi papá si le gustó harto la política».
Antes de irnos del barrio, nos dimos un paseo por las cuadras aledañas a la carrera 30 o avenida Ciudad de Quito, donde están los negocios de las mueblerías en una rica variedad: muebles rústicos, muebles barrocos, muebles de estilo nórdico, muebles para todos los gustos y todas las necesidades, de gran calidad y ordinarios. También están los talleres, los almacenes de decoración, de cortinas y de ventas de tapetes y alfombras, en fin, toda la gama de artículos para salas, comedores y alcobas. Es una zona que se extiende hasta el barrio 12 de Octubre.
Agradecimientos a Giovanna Torres, del Observatorio, por sus apuntes, y al gestor cultural de la localidad Barrios Unidos, Germán Gómez.
Observatorio de Culturas
Don José Díaz nació, estudió, creció y aún reside en el barrio Jorge Eliécer Gaitán, donde tiene una ferretería en el costado oriental de la plaza principal. Nos dio la entrevista mientras atendía su clientela sabatina y orientaba amablemente a los que llegaban solicitando otros productos que él no tenía en el surtido de su negocio.
José Díaz, en su ferretería del Barrio Gaitán
«Mi papá fue uno de los fundadores de este barrio, junto con otros como don Federico Acosta, don Gustavo Herrera y la familia Rojas», dice. Antes de 1950 se llamaba La Divina Providencia, en recuerdo de la hacienda de los hermanos Moris y Tila Gutt, antiguos propietarios, quienes la partieron para venderle lotes a la gente que llegaba a Bogotá necesitada de vivienda. «La mayoría eran oriundos de Boyacá y los lotes valían entre 900 pesos y 2.000 pesos, según el tamaño, que iba desde 5 por 12 metros hasta de 6 por 30 metros», agrega. ¿Y cuando se empezó a llamar barrio Gaitán? «Eso fue después del asesinato del caudillo liberal —responde—. Este barrio quiso rendirle homenaje, pues él venía a jugar tejo con otros dirigentes liberales como Carlos Lleras en una cancha que se llamaba Campo Villamil. No es que todo el barrio fuese liberal. No. Aquí vivían también conservadores, pero los que dirigían el barrio eran los liberales por haber sido los fundadores y porque manejaban las ‘juntas de obras’: así se llamaba lo que ahora se conoce como Junta de Acción Comunal. Las juntas de obras eran realmente juntas de trabajo comunitario, y fueron las que hicieron las calles, los andenes, el alcantarillado, las canaletas de desagües y demás construcciones para el bien común. Después de la muerte de Gaitán, hubo mucho sectarismo: si uno salía con corbata roja se la hacían comer, y al busto de Gaitán le dieron bala y a otro busto dedicado a la mamá de Gaitán, doña Manuela Ayala de Gaitán, lo tumbaron y hasta ahora no lo han restaurado».
En efecto, a dos cuadras hacia el oriente de la plaza principal queda una pequeña plaza triangular donde está todavía el pedestal vacío con la dedicatoria a doña Manuela escrita sobre el mármol. Y a una cuadra hacia el norte de esta placita está el colegio Jorge Eliécer Gaitán, donde estudió don José.
Pero don José también reconoce las bondades de esa transformación hacia lo comercial: «Fue la familia de Carlos Ponte la que trajo el progreso comercial en el año 1995, con la llegada de los muebleros. Ellos empezaron a comprar las casas, y hoy en día tenemos 1.800 negocios de muebles, 600 almacenes de tapicería y 100 negocios de pintura, entre otros, los cuales generan entre 4.000 o 5.000 empleos informales. Gracias también a los establecimientos comerciales, se construyeron modernos edificios en la parte de arriba del barrio, que han dinamizado toda la vida barrial hasta la parte más occidental que era muy muerta. Antes, nosotros dependíamos para todo del barrio vecino: el 12 de Octubre».
Don José nos muestra entonces una serie de fotografías donde él aparece con otros dirigentes barriales en ceremonias de carácter religioso, peregrinaciones a santuarios, procesiones, eucaristías al aire libre. Le preguntamos que cómo siendo tan liberal ha sido tan religioso. Nos mira extrañado y nos dice: «Mis padres fueron muy católicos, y yo soy también muy católico, lo mismo que mis hijas. Las actividades comunitarias siempre las desarrollamos de la mano del cura párroco. Aquí me ve usted (nos muestra una foto) donde estoy con el padre Rogelio Garzón, cuando yo era el presidente de la junta de acción comunal. La iglesia aquí no se ha metido en política y yo no soy político, aunque a mi papá si le gustó harto la política».
Antes de irnos del barrio, nos dimos un paseo por las cuadras aledañas a la carrera 30 o avenida Ciudad de Quito, donde están los negocios de las mueblerías en una rica variedad: muebles rústicos, muebles barrocos, muebles de estilo nórdico, muebles para todos los gustos y todas las necesidades, de gran calidad y ordinarios. También están los talleres, los almacenes de decoración, de cortinas y de ventas de tapetes y alfombras, en fin, toda la gama de artículos para salas, comedores y alcobas. Es una zona que se extiende hasta el barrio 12 de Octubre.
Agradecimientos a Giovanna Torres, del Observatorio, por sus apuntes, y al gestor cultural de la localidad Barrios Unidos, Germán Gómez.
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